JUAN ATKINS, PADRE DEL TECHNO DE DETROIT, MUERE A LOS 64
Fundador de Cybotron y Model 500, murió el 1 de noviembre en Ciudad de México antes de actuar. El hombre que le dio nombre al techno.

Juan Atkins fue encontrado sin vida en su habitación de hotel en Ciudad de México el 1 de noviembre, horas antes de una actuación en YuYu Cine Club. Tenía 64 años. Sin él no existiría la palabra techno.
Su agencia, Greensmith Artists, confirmó la muerte a Resident Advisor el domingo por la tarde. Atkins llegó a la Ciudad de México para un set programado para ese fin de semana en YuYu Cine Club, junto a Maseriche y Jo Sep. Fue trasladado al hospital tras ser encontrado sin respuesta, donde fue declarado muerto. No se ha hecho pública la causa del fallecimiento.
Juan Atkins nació en Detroit el 9 de diciembre de 1962, pero creció en Belleville, un suburbio a 45 kilómetros de la ciudad. Allí conoció a Derrick May y Kevin Saunderson, con quienes formaría el trío que la historia del techno conoce como los Belleville Three. Los tres compartían una obsesión por Kraftwerk, Parliament-Funkadelic y el soul de Motown, y tenían acceso a sintetizadores en una época en la que eso no era habitual. Lo que salió de ese cruce fue un sonido que aún no tenía nombre.
En 1980, Atkins formó Cybotron con Richard Davis, veterano de Vietnam con experiencia en música experimental. El dúo publicó “Alleys of Your Mind” en 1981 y “Clear” en 1983. Estas dos canciones —frías, mecánicas, con pulso de máquina y una profundidad emocional que no cuadraba con nada de lo que existía entonces— definieron lo que después se llamaría techno de Detroit. Pero en 1983 todavía no se llamaba así.
Cuando Cybotron se disolvió, Atkins siguió solo. En 1985 publicó “No UFOs” bajo el alias Model 500, a través de un sello que acababa de fundar: Metroplex. El disco —producido en casa, con una Roland TR-909 y sintetizadores analógicos— es uno de los registros fundacionales de la música electrónica de club tal como la conocemos hoy. Metroplex se convirtió en el laboratorio desde el que Atkins controlaba toda su producción, sin intermediarios, sin sellos mayores, sin concesiones.
El modelo que Atkins estableció con Metroplex —productor-artista-sello-distribuidor en una sola persona— fue la plantilla que siguieron todos los que vinieron después en Detroit, y más tarde en Chicago, en Frankfurt, en Manchester.
En 1988, el sello británico Network Records publicó la recopilación Techno! The New Dance Sound of Detroit. Atkins contribuyó con un tema titulado, literalmente, “Techno Music”. La compilación fue el primer contacto de Europa con el sonido de Detroit de forma articulada, con contexto y con un nombre. A partir de ese disco, el término techno pasó a designar un género. Antes de eso, era simplemente “ese sonido de Detroit”.
Es difícil sobreestimar lo que eso significa. Atkins no inventó solo el sonido —May y Saunderson trabajaban en paralelo, Davis aportó su propia visión en Cybotron— pero fue el primero en ponerle nombre, en construir la infraestructura para distribuirlo y en mantener esa infraestructura activa durante cuatro décadas sin ceder el control creativo.
Atkins siguió trabajando hasta el final. En los últimos años colaboró con Moritz von Oswald en el proyecto Borderland, que exploró territorios más abstractos y minimalistas lejos del techno de club convencional. Continuó publicando como Model 500 e Infiniti, tocando en festivales y clubs de todo el mundo, y manteniendo Metroplex activo como uno de los sellos de referencia de la escena de Detroit. El año pasado, Roland lo había invitado como figura central a la celebración del Detroit Movement Festival.
No había señales de retirada. Estaba en Ciudad de México para actuar.




